Tu alegría, la mía
Tu alegría, la mía

Abro el evangelio de Lucas y me encuentro con el saludo del Ángel a María: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

Alégrate, no temas  y me pregunto se lo dice a una niña de unos 14 años y le dice que va a ser madre, y madre de Dios… “que se alegre, que no tema

¡No entiendo, nada!

Estos días, de septiembre leyendo la revista “Vida Nueva” me encuentro con el siguiente texto:

“En un precioso poema de Rilke que cito de memoria, cuando María llega al cielo nadie se da cuenta y se queda en un rincón, contenta de permanecer en ese último lugar, que considera el suyo y desde el que contempla embelesada la gloria de su Hijo.

(Quizá estaba necesitando tiempo para despertar de su dormición, para respirar el aire de la nueva Tierra, para acostumbrarse a la luz…).

Pero pronto un ángel la descubre, da la voz de alarma y acuden todos para conducirla a lo más alto.

Qué suerte poder contar con ella, Señora del Buen Arrebato y Madre de Descolocados como compañera de nuestros procesos y guía de nuestros tránsitos”

(Dolores Aleixandre, “Arrebatos” “Vida Nueva Nº 3.049 pág.7)

Y me pregunto, ¿es la misma Niña a la que el Ángel le dice: “Alégrate, no temas?

¿La Madre de Dios, la que entra con sencillez en el Reino?

¿Es la mujer seguidora del Jesús, que nos dijo llamad Abba, Papá a Dios?

Y sigo preguntándome: ¿dónde está en nuestra Iglesia, nuestra Comunidad, nuestra vida, esa sencillez, ese amor esa delicadeza de María? ¿No es nuestra madre que quiere que imitemos a su Hijo?

Ese Hijo que manda a sus ángeles que digan a las mujeres: “No tengáis miedo, buscáis a Jesús el crucificado; no está aquí, ha resucitado.” (Mt. 28,5)

Ahora recuerdo el capítulo 16, versículo  21-23 de Juan: “Cuando la mujer va a dar a luz se siente triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando nace el niño, ya no se acuerda del apuro, por la alegría de que ha nacido un hombre para el mundo. Así también vosotros ahora sentís tristeza, pero cuando (Yo) aparezca entre vosotros os alegraréis, y vuestra alegría no os la quitará nadie. Ese día no tendréis que preguntarme nada.”

Vamos por este camino cuando decimos ¿Tu alegría es la mía?

¿Es este el camino cristiano de la felicidad?

Algunos “teólogos” dicen que en esta vida estamos los cristianos para aprender a vivir resucitados y cuando hayamos aprendido nos iremos al Reino donde se vive resucitado…

Y, ¿Cómo se vive resucitado?

Nos lo dijo Jesús. “En esto conocerán que sois mis discípulos, “Si os amáis como yo os he, amado”

¡¡¡¡Tenemos tarea para aprender a vivir resucitados!!!!

Paterna, septiembre de 2017

Hno. Félix Benedico

 

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