Había una vez un rey que le encantaba cazar.
Un día mientras cazaba el rey le disparó a un leopardo salvaje, corrió hacia él para ver si estaba muerto o no.
Cuando, de repente, el leopardo moribundo saltó y atacó al rey.
El sirviente principal, se las arregló para matar al leopardo, pero no pudo evitar que su majestad perdiera un dedo.
Furioso, dijo el rey a su sirviente:

Si Dios fuera bueno, no me habría atacado el leopardo y ciertamente ¡no habría perdido un dedo!

El sirviente respondió:

A pesar de todo esto, sólo puedo decirle que Dios es bueno y todo lo que hace es perfecto, Él nunca se equivoca.

Indignado por su respuesta, el Rey preguntó al sirviente:
-. ”Si te mando a la cárcel, ¿aún crees que eso es lo mejor para ti?”
El sirviente, sin ningún temor, contestó humildemente:
-. “Sí, mi Rey, aún así pensaría que es el mejor arreglo para mí”.
El Rey, ahora enfurecido, ordenó que el sirviente fuera encarcelado de inmediato.

Tres meses después, el Rey y otro sirviente se fueron a cazar de nuevo y fueron capturados por personas de una tribu que necesitaba un sacrificio humano
En el altar, el rey desesperado vio cómo mataban a su sirviente justo al lado suyo. Pero de repente la gente de la tribu descubrió que al rey le faltaba un dedo y lo liberaron.
Ahora lo consideraban “incompleto”, por lo que no podía ser ofrecido a sus dioses.
Al regresar a su palacio, el Rey autorizó la liberación de su sirviente.
Se acercó a él y humildemente le dijo:
-. “Amigo mío, casi me matan, pero por mi dedo faltante, me dejaron en libertad”.
Sin embargo tengo una pregunta que hacerte:
-.- “Si Dios es tan bueno, ¿por qué me permitió meterte en la prisión?”
El sirviente contestó con sabiduría:
-. “Mi Rey, si no hubiera estado en prisión, hubiera estado contigo y me habrían sacrificado ya que no me falta un dedo”.
El Rey se rió y dijo:

¡Tienes razón! Todo sucede realmente por una razón”.

Nuestras vidas están llenas de altibajos. Cuando las cosas no salen como quieres, no pierdas tu amor por la vida, tu fe o tu creencia en el Dios – Abbá.
Mientras seamos buenas personas, las cosas felices un día llegarán.
Mantén la calma, sé paciente y mantente positivo. Las dificultades de hoy te preparan para la luz de mañana.
Y no olvides, Dios es tu Abbá, tu Papá… Y los cristianos rezamos la oración que nos enseñó Jesús: “Padre Nuestro, que estás en los cielos…”
Y como dice el Evangelio: (Lc. 11, 10-13). ”¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo…?”

Paterna, octubre de 2018
Adaptación del Hno. Félix Benedico

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