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Por fin podemos decir que estamos en Abancay, aunque el viaje para llegar hasta aquí han sido toda una experiencia que queremos compartir con todos vosotros.
Nuestro viaje comenzó el martes día 12 de julio desde la estación Joaquín Sorolla de Valencia, de allí después de meses de formación por parte de PROYDE y prepararnos a los voluntarios con nuestras labores, maletas y un manojo de nervios, nos subíamos a un Ave dirección Madrid, primera parada de nuestro itinerario hasta Abancay.  Al llegar a Madrid, nos dirigimos al Centro ARLEP donde intentamos descansar un poco antes de nuestro viaje, pero tuvimos que lidiar la noche con algún espíritu que abría y cerraba las puertas de las habitaciones en obras durante toda la noche.
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A la mañana siguiente, y casi sin darnos cuentas estabamos en un avión de camino a Lima. Doce horas de vuelo dan para bastante: hablar, comer, dormir, ver una peli e incluso a tener algún que otro ataque de pánico durante el vuelo. Al llegar a Lima, tuvimos una fugaz visita de Eugenia Rabattet de Tarpusunchis y nos encontramos con una nueva realidad de la que no éramos conscientes: el tráfico de Lima. Una maraña de coches tocando el claxon sin parar y sin carriles que iban de un lado a otro, con un tráfico de miedo. Tras una hora de viaje llegamos a La Salle de Lima.
Allí tuvimos la calurosa bienvenida del Hno. Máximo que nos acogió en Lima, nos enseñó el Colegio, la Editorial Bruño y nos sacó a conocer y cenar por Lima. Durante una cena discernida nos estuvo contando todos los destinos que a lo largo de sus 82 años había hecho desde que salió de su Burgos natal hasta el Perú´, donde ha vivido la mayoría de su vida y nos estuvo alimentando sobre Abancay y tranquilizándonos para lo que nos quedaba de viaje.
Al día siguiente, segundo avión del viaje que aunque breve, tampoco olvidaremos ese momento en que gira en el cerro para entrar en la pista de aterrizaje, sobretodo estamos seguros que Verónica no lo olvidará.
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Al llegar a Cuzco, y con el miedo al mal de altura, aterrizamos en la capital del imperio Inca. Cogimos nuestras múltiples maletas y fuimos recibidos por el Hno. Angelo, que desde ese momento hasta hoy en día ha sido en que nos ha acompañado y enseñado todo. Desde el aeropuerto, fuimos directos a la Salle de Cuzco. Allí´ llegamos al final de la festividad de la Virgen del Carmen, de la que nos hubiera gustado ver más pero no pudo ser. Dimos una vuelta por el Colegio y comimos en la comunidad del mismo muy bien acompañados por el Hno. Angelo que ya estaba con nosotros, y se unió´ el Hno. Jean Francois Morlier, de Francia pero que ya conocía bien esta tierra y que nos hizo pasar unos buenos momentos de risas y anécdotas. También nos acompañaron los dos hermanos de dicha comunidad, el Hno. Jorge y el Hno. Enrique, español también.
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Después de comer y descansar un poco para evitar mareos, nos insistían los hermanos, nos dispusimos a recorrer los apenas 200 km que nos separaban de Abancay. El Hno. Angelo nos dijo que la mejor manera era hacerlo en un par de yaris, unos Toyota yaris que en esta zona del Perú se utilizan mucho para este transporte. Pues nada, siguiendo sus indicaciones nos subimos en estos dos coches de camino a Abancay y menudo camino: curvas y curvas y má´s curvas, mareos, velocidad, mucha velocidad y adelantamientos que ni en la Fórmula 1 se ven durante las cinco horas que duró´ este placentero paseo por medio de los Andes.
Una vez en tierra firme de nuevo, y ya de noche, conocimos la que será nuestra casa y nuestra comunidad durante el próximo mes y medio.
El camino no ha sido corto ni un camino de rosas pero estamos seguro que todo esto habrá merecido la pena.
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Tenemos aún más cosas que os iremos contando en el resto de artículos que iremos escribiendo en esta misma página.
Un abrazo y besos a nuestras familias y a todas las personas que nos siguen a la distancia durante toda esta aventura.
Los voluntarios abanquinos.

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