La vida es como un viaje en tren. Algunos comienzan el viaje junto a ti, otros se suben a mitad del camino, muchos se bajan antes de llegar, pero muy pocos son los que permanecen hasta el final.

Un tren corre veloz hacia su destino.
Dentro de él se despliega todo el drama humano.
Gente de todo tipo.
Gente que conversa.
Gente que calla.
Gente que trabaja en su ordenador.
Gente de negocios, preocupada.
Gente que contempla serenamente el paisaje.
Gente que ha cometido crímenes.
Gente que es buena gente.
Gente que piensa mal de todo el mundo.
Gente solar que se alegra con el mínimo de luz que encuentra en cada persona.
Gente a la que le encanta viajar en tren.
Gente que por razones ecológicas está contra el tren.
Gente que se equivocó de tren.
Gente que no se cuestiona; sabe que está en su rumbo y a qué hora llega a su ciudad.
Gente ansiosa que corre a los primeros vagones con el afán de llegar antes que los demás.
Gente estresada que quiere retrasar la llegada todo lo posible y se va a los últimos vagones.
Y, absurdamente, gente que pretende huir del tren andando en dirección opuesta a la que lleva el tren.
Y el tren impasible sigue hacia su destino, trazado por los raíles.
Lleva a todos despreocupadamente.
No rechaza a nadie.
Acoger el tren, hacerse amigo y compartir con los compañeros de destino es ya anticipar la fiesta de llegada.
Viajar ya es estar llegando a casa.

Leonardo Boff

Paterna 27 de Noviembre de 2019.
Por la transcripción: Hno. Félix Benedico

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