1.- JUSTIFICACIÓN DEL LEMA

El lema del nuevo curso nos invita a profundizar en el valor de la ESPERANZA. En estos momentos la sociedad actual está marcada por dos elementos teóricamente inseparables: la crisis económica y la desesperanza. La primera hace camino de un modo destructor dejando mella por donde pasa: paro, cierre de empresas, recortes, familias desahuciadas, empresas en suspensión de pagos…Y la desesperanza, como consecuencia, se propaga como la peste, incluso entre aquellos que “ a priori” no se veían como principales víctimas de la crisis. “Y qué pasara si esto va a peor? Más vale ser conservadores, prudentes y ahorradores”, dicen unos. Sin duda, somos una sociedad desesperanzada. Pero como ya apuntaba Aristóteles trescientos años antes de Cristo “la esperanza es el sueño del hombre despierto”. Un hombre que no cree en el día de mañana, que el futuro será mejor, que las cosas pueden cambiar, que sus sueños se pueden hacer realidad… no lucha, no trabaja, se resigna y se deja vencer. Y una sociedad así, está perdida. Para aquellos más negativos, una advertencia: la esperanza no es creer en utopías, en realidades tan irreales que puedan llegar a ser absurdas.
La esperanza no es cosa de locos que viven instalados en la irrealidad o de personas ingenuas. La esperanza nos permite pensar en el futuro mientras limpiamos el horizonte de falsos engaños, es decir, mientras construimos el presente. Por tanto, la esperanza también se relaciona con el valor del esfuerzo, la perseverancia, la valentía, la libertad… Como apunta Francesc Torralba “en el interior del hombre esperanzado esta el germen de la rebelión y de la disconformidad”.
La esperanza no es fingir que no existen problemas, es realmente la forma más exacta de buscar soluciones. Es la confianza de saber que los problemas no son eternos, que las heridas curaran, y las dificultades se superaran. Es tener fe, es una fuente de fortaleza y renovación absoluta de nuestro interior, la que nos guiará desde la oscuridad hacia la luz.

Y a pesar de todo, desde nuestra opción de fe, esperanzados.

La esperanza es el motor de la actividad cristiana en el mundo. Se fundamenta en la confianza de saber que no estamos solos y de que Dios actúa, misteriosamente, a través de las personas que buscan el bien, la justicia, la verdad y la belleza. Entendemos que no estamos abandonados de la mano de Dios y que Él actúa en la historia abriendo caminos de pacificación y de reconciliación. Contra la moral de derrota y el escepticismo indolente tan extendido en el momento actual, proponemos la esperanza madura, la que no se desvanece ante las dificultades y que busca, con inteligencia, formas para paliar nuestros sufrimientos para mejorar el mundo que hemos recibido.
San Juan Bautista de La Salle supo proyectar este valor en todo su itinerario vital y en todas cada una de las iniciativas que fue realizando. Todos sabemos cuál fue su proceso vocacional, ante una realidad difícil de la infancia y la juventud de Francia, con esperanza, ilusión, compromiso y constancia empezó una obra educativa que hoy aún es vigente. Tuvo una actitud esperanzada ante la vida, con plena confianza en Dios, en los primeros Hermanos y en sus colaboradores.
Hoy nos toca a nosotros vivir este valor en el seno de nuestras Comunidades Educativas. Des de esta perspectiva, somos conscientes del reto que supone trabajar este valor. Hemos recibido un tesoro que no podemos dejar que desaparezca o se desdibuje. Juntos, hemos de hacer crecer el sentimiento de que un Mundo Mejor es posible, y que el Reino anunciado ya está entre nosotros y hemos de acompañar a nuestros alumnos y compañeros para que abran sus ojos esperanzados y descubran las posibilidades que el mundo nos presenta.
Las obras educativas de la Salle están en manos de muchos educadores y educadoras que des de su diversidad de identidades, necesitan sentirse parte y responsables de la pequeña parcela de la Misión Educativa en la que están inmersos.
Nuestros alumnos, el regalo más preciado y más valiosos que se nos ha confiado, también están invitados a sentirse parte de esta gran familia. Desean encontrar-se con educadores que sea testimonios y guías para sus vidas. Desean desarrollar-se como personas teniendo como referente y testimonio la vida de mujeres y hombres que han comprometido con ellos todo lo que son y llenos de esperanza desarrollan su Misión.

Nunca es tarde para recomenzar

Cuando Fred Astaire hizo su primera prueba cinematográfica, en 1933, el informe del director de pruebas de la Metro decía: “Incapaz de actuar, calvo, sólo sirve para un poco para bailar”; Astaire conservó aquel informe y lo tenía enmarcado sobre la chimenea de su casa en Beverly Hills.
Por su parte, Albert Einstein no habló hasta los cuatro años y no aprendió a leer hasta los siete; su maestro lo describía como “mentalmente lento y siempre abstraído en estúpidas ensoñaciones”; lo expulsaron del colegio y le negaron el ingreso en la escuela Politécnica de Zurich.
Winston Churchill no aprobó el sexto grado, no llegó a ser Primer Ministro hasta los 62 años, tras toda una vida de reveses, y sus mayores logros los consiguió cuando ya había cumplido los 75.
Richard Bach, antes de poder publicar su libro Juan Salvador Gaviota, vio cómo el manuscrito era rechazado por dieciocho editoriales; tras ser publicado, vendió en cinco años más de siete millones de ejemplares.

2.- OBJETIVOS PARA LOS ALUMNOS

En la formación de niños y jóvenes, el desarrollo de la ESPERANZA les permite enfocar la vida desde la propia realidad y trabajar con sus propias manos, para llegar a ser hombres y mujeres autónomos e ir tomando sus propias decisiones vitales.

  1. Ser conscientes de los contratiempos, de las dificultades, e incluso, del sufrimiento que encontramos en el día a día, y a partir de estas limitaciones per comunicar fuerza, entusiasmo y hacer crecer la confianza.
  2. Hacer una lectura crítica de la realidad y descubrir opciones para avanzar, para crecer. Marcarse un objetivo realizable, y trabajar con tenacidad para conseguirlo.
  3. Tomar la firme decisión de asumir la responsabilidad de ellos mismos, de sus pensamientos, sentimientos y actos. Tener más fuerza de voluntad, ser más abiertos, más amables, más constantes… trabajar un auténtico espíritu de superación para ir convirtiendo la esperanza en realidad.
  4. Saber esperar, pero en actitud de vigilia, de búsqueda, de esfuerzo y no de pasividad.

3.- OBJETIVOS PARA EL PROFESORADO Y PAS

Educar en la esperanza es acompañar en la lectura crítica de la realidad, en motivar la autoestima, incrementar la confianza y formar personas dispuestas al trabajo en equipo, con visión de futuro, con iniciativa, confianza y comprometidas para afrontar los obstáculos y problemas que se van presentando en la vida.

En tiempos de cambio, mirar el futuro con serenidad y mantener un equilibrio en todo lo que consideramos válido y la disposición a renovarse continuamente con la certeza de que sabremos dar la respuesta educativa necesaria en cada situación siendo fieles a nuestro ideario de escuela cristiana y de estilo lasaliano de educación.

  1. Descubrir, profundizar y crecer en nuestra vocación de educadores (Crecer en la consciencia de sabernos llamados por Dios para ejercer un misión) Vocación de educador.
  2. Tomar conciencia de que los niños y jóvenes son la esperanza de este mundo, y nuestra misión consiste en acompañarles en superar posibles errores, descubrir e interiorizar la sabiduría de la historia para que ellos creen y transformen su futuro.
  3. Sabernos sembradores de valores, de conocimientos, de estrategias y saber que los frutos los recogerán cada uno de nuestros alumnos. No nosotros.
  4. Demostrar esperanzados que nuestra Misión es posible. Formamos personas para que desde su opción personal puedan crear una sociedad más humana.
  5. Desarrollar el hábito de hacer preguntas sugerentes y provocativas, que contribuyen al desarrollo de la reflexión y el debate; con tacto y sensibilidad para motivar, respetar la individualidad, escuchar, detectar problemas, aprovechar situaciones, comunicarse y trabajar.
  6. Manifestar actitud positiva, ilusionada y esperanzada ante los cambios metodológicos, de estilo,… para adaptaros al mundo cambiante que nos toca vivir.
  7. Desarrollar nuestra tarea docente, educativa y evangelizadora, asumiendo la gran responsabilidad que tenemos de educar a niños y jóvenes hacia la esperanza del Reino de Dios.

4.- OBJETIVOS PARA LAS FAMILIAS

La familia es la principal y primera responsable de la educación de niños y jóvenes. La Escuela se siente invitada de manera subsidiaria a col laborar con las familias en la educación de sus propios hijos e hijas.

  1. Fomentar desde las obras educativas, espacios de encuentro y diálogo para buscar los medios más adecuados y las estructuras más oportunas para la buena educación de los niños y jóvenes
  2. Fortalecer el sentimiento de pertenencia de los padres al centro en los cuales sus hijos e hijas se educan y de este modo participan en la vida colegial sintiéndose responsables de lo que acontece.
  3. Procurar que los chicos y chicas sientan confianza en ellos mismo. Educar desde la propuesta creativa. Velar para que en el hogar familiar no haya palabras de desánimo, derrotismo, incapacidad.
  4. Velar para que los hijos desarrollen sus propias esperanzas y no las que sus padres quieren proyectar sobre ellos.
  5. Fomentar una actitud positiva, sin caer en la irracionalidad, y ayudar a los hijos a descubrir que todo saldrá bien, siempre y cuando se esfuercen.

5.- OBJETIVOS PARA LOS HERMANOS

Fieles a les intuiciones educativas de San Juan Bautista de La Salle, los Hermanos están atentos a las necesidades reales de las personas y de la sociedad para servir a todos, especialmente a los pobres. Y así poder contribuir a la formación integral de niños y jóvenes mediante su donación generosa. El centro La Salle tiene su fundamento en la Asociación de personas que comparten la misión evangelizadora por medio de la educación. Y saben que esta misión evangelizadora por comunicar Esperanza y el anuncio del Reino.

  1. Ser consciente de que la opción por la Vida Consagrada tiene un claro signo profético en el mundo de hoy y esto conlleva que son portadores de esperanza, ánimo, alegría para la gente de su entorno.
  2. Vivir la fe en comunidad y siempre enfocada al servicio, a la Misión, como fuente constante de esperanza.
  3. Vivir y ofrecer el don de la comunión y el don de la fraternidad como experiencias primordiales en nuestra vocación.
  4. Hacerse consciente de la realidad religiosa y educativa del mundo en que vivimos para sentirnos responsables de él y así dar respuestas que sean las más oportunas al momento histórico que nos ha tocado vivir.
  5. Hacer una mirada esperanzada a la Misión Educativa Lasaliana a partir de la realidad actual y trabajar con ilusión con los educadores seglares con quienes compartimos la Misión.
  6. Hacer una lectura atenta y compartida con la comunidad de la encíclica “Spe salvi”

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