Desde aquellos tiempos en que hice de “Hacedor de actas” tengo la costumbre de abrir el correo al levantarme… Hoy 5 de agosto, lo he hecho y me he encontrado con un Facebook que decía:
“Hazle saber a José Herrera Lázaro que te acuerdas de él en el día de su cumpleaños.
He abierto el Facebook y estaba este cuentecico que me ha parecido interesante, os lo ofrezco como reflexión de septiembre. Helo aquí:

Un vendedor callejero estaba triste vendiendo unos huevos en la silenciosa y triste calle de una villa cuando se acercó una señora bien trajeada y le preguntó:
-. “¿A cuánto estás vendiendo los huevos?”
El viejo vendedor respondió:
-. “0,10 € un huevo, señora”.
Ella le dijo:
.- “Cogeré 6 huevos por 0,50 €, o me iré”.
El viejo vendedor respondió:
-. “Ven y llévatelos al precio que quieras”. Puede ser, este es un buen comienzo porque hoy no he podido vender ni un solo huevo.
Ella tomó los huevos y se fue sintiendo que había ganado.
Se subió a su lujoso coche y se fue a un elegante restaurante con su amiga.
Allí, ella y su amiga, pidieron lo que les gustaba. Comieron un poco y dejaron mucho de lo que pidieron.
Después ella fue a pagar la cuenta. La factura le costó 400 €. Ella dio 500 € y le dijo al dueño del restaurante que se quedara con el cambio.
Esto puede parecer bastante normal para el propietario pero, muy doloroso para el vendedor de huevos.

La cuestión es:
¿Por qué siempre demostramos que tenemos el poder cuando compramos a los necesitados?
¿Y por qué somos generosos con aquellos que ni siquiera necesitan nuestra generosidad?
Una vez leí en alguna parte:
“Mi padre solía comprar productos simples a los pobres a precios altos, aunque no los necesitaba. A veces solía pagarles más. Me preocupé por esto y le pregunté por qué lo hacía. Entonces mi padre respondió: “Es una caridad envuelta en dignidad, hija mía”
Y yo me pregunto:
-. Abbá, ¿por qué casi siempre los educadores hablamos mal de los niños necesitados, de los débiles, de los que hablan mucho, de los que no se pueden estar quietos, de los que no se centran… de los “malos”, según nuestra opinión?
-. ¡Maño!, porque os olvidáis que son mis “hijos también”, pensáis que sólo son mis hijos los “buenos”. Rezáis mucho, habláis mucho, pero son palabras, palabras, palabras…salís fuera y os olvidáis del “AMOR”…
De lo que yo entiendo por amor, querer, dar, comprender, abrazar… todo a nivel de personas.
-. ¡Cuánto tengo que aprender Abbá!
-. Maño, ¡cuánto habláis!, ¡qué bonitas palabras decís! Pero… ¿qué hacéis? Dime ¿qué hacéis? ¿Recuerdas lo que decía mi Teresa de Jesús? …¡Obras son amores que no buenas razones!
A ver si al iniciar este nuevo curso empezáis a ponerlo en práctica… ¡hala!
-. ¡Gracias, Abbá! por seguir queriéndome incondicionalmente…. (Si haces…te querré eso es condicional)

Paterna, agosto de 2018
Hno. Félix Benedico

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