Historia de una tarde de Febrero
Historia de una tarde de Febrero

La tarde era magnífica, abajo, en el patio los niños corrían durante su clase de educación física. También se oían sus gritos  y hasta el alborozo de su alegría…

Yo sentado en mi terraza – capilla, al sol febrero, contemplaba la huerta valenciana…sus verdes naranjos en flor que ocultaban los restos de la anterior cosecha.

Mi inquieto cerebro daba vueltas y más vueltas al texto evangélico del día. Era, Lc, 6, 36-38, que dice así:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso;
No juzguéis, y no seréis juzgados;
No condenéis, y no seréis condenados;
Perdonad, y seréis perdonados;
Dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante,
Pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

 

Mi mente seguía preguntándose: ¿los cristianos hacemos eso? ¿La Comunidades de religiosos hacen eso? ¿No somos más bien “gente bautizada”” que se olvida de vivir la Palabra de Jesús? No somos más bien de los que dice el Evangelio. “haced lo que os dicen pero no hagáis lo que ellos hacen?

Cuando vemos un necesitado apartamos la vista… Nuestro Padre, lo toma en sus brazos y atraviesa el peligro con él.

Él siempre está con nosotros…

Nosotros abandonamos a los que nos rodean en la soledad más solitaria y nos vamos a “rezar” al Abbá…

¿Es eso lo que quiere Dios?

Recuerdo un  día que estaba muy enfadado por cosas similares y me acerque a la capilla un poco cascarrabias y protestón, pero en el silencio, en soledad estaba mi espíritu…

Allí estaba…pensaba…creía en mi Padre Dios…En la penumbra de la capilla reinaba el silencio.

“Alguien”, con voz  dulce, con amor, me dijo claramente: “Relájate hijo mío, a mi Hijo tampoco le escuchan… Te quiero en este colegio, te necesito aquí. Olvida que hay otros colegios que te tratarán con más mimos. Cuando quiera mimarte ya te llamaré a donde estés feliz siempre.

Trabaja aquí… Sigue amando, sigue rezando,  sé feliz… Incordia un poco y sé catequista de  Hijo. ¡Enséñales a los niños y niñas de la primera Comunión! ¡Diles quien es Jesús!

Tras unos largos momentos de silencio reflexivo, me marché a mi habitación,

Disfruté de un buen baño caliente que utilicé para ponerme las cremas de la psoriasis, descansé y me relaje.

Más tarde disfrute de una eucaristía con Jesús y María.

Y la vida sigue siendo, con frecuencia, soledad para las personas mayores. El Evangelio de Jesús está en bonitos libros, pero la vida, a veces, queda vacía.

¡Abbá siempre está junto a la persona que lo necesita!

Siempre se encuentra llevándote de la mano o bien en sus brazos cuando la vida es más dura.

Paterna, 27 febrero de 2018

Hno. Félix Benedico

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