El sábado, 15 de julio, recién acabado el curso y antes de la diáspora vacacional, la Comunidad de Teruel celebró el fin de curso y la despedida del Hermano José Luis Gómez. Nuestro objetivo era Daroca la “Puerta férrea de Aragón”; Daroca la privilegiada: “Non fecit taliter omni nationi” (nadie hizo tanto por una nación), como reza en su escudo de armas. El Hermano José Luis tenía particular interés en visitarla.

A las 9:30 h, con la puntualidad que caracteriza a esta comunidad, salíamos del colegio. Enfilamos la A23, atentos a las señales de tráfico -conocido es en Teruel el ‘afán recaudatorio’ de Tráfico- (perdón Tráfico no recauda ‘vigila por nuestra seguridad’). Los campos en sazón -no mucha, la verdad- esperaban su cosecha. Salimos a Daroca por la salida 210 de la autovía mudéjar.

En la Oficina de Turismo, Mayor 44, nos esperaba la que iba a ser nuestra guía todo el día. Asun, magnífica profesional, buena conocedora del tema, que nos guió por los monumentos principales de la villa.

Empezamos por la Colegiata-Basílica de Santa María de los Sagrados Corporales. Asun nos fue explicando cada una de las capillas y los aspectos más interesantes del templo (capilla de los corporales; de san Miguel, de la muerte de san José y el baldaquino, sobre el altar mayor, remedo ‘en pobre’ del de Bernini en san Pedro, que aloja una colosal talla de la Virgen de la Asunción); seguimos nuestra visita por la iglesia de san Juan y la de san Miguel (en su interior pudimos admirar una bellísima pintura mural de estilo gótico lineal, con la imagen de la coronación de María en lugar preferente); la iglesia de santo Domingo. Todas estas iglesias con toques mudéjares, sin la exquisitez y finura del mudéjar de Teruel, pero no por eso sin interés. Subimos por las enrochadas callejuelas hasta la muralla, ‘salimos’ de la ciudad por la Puerta del Arrabal, con toques mudéjares. Acabamos la visita a la ciudad en la Puerta Baja, magnífico monumento, iniciada en el siglo XIII y ‘mejorada’ en siglos posteriores; en el contorno de esta puerta pudimos contemplar la fuente de los 20 caños -no pudimos refrescarnos por manar agua no conectada a la red, y el ‘ruejo’ -una monumental muela de molino que libró a Daroca de una colosal inundación.

 

 

 

Habían pasado dos horas desde que comenzamos la visita y, gracias a la magnífica labor de Asun, no nos habíamos enterado, se nos había pasado en un santiamén.

Como nos quedaba tiempo para la comida, -la teníamos reservada en la Posada Restaurante el Almudí, a las 14 h.-, tuvimos tiempo, mientras tomábamos el aperitivo, para descansar y relajarnos. En la comida, platos típicos regados con caldos de la tierra; no teníamos prisa así que la sobremesa, buen momento para recordar ‘batallitas’ de juventud y nuestros respectivos alifafes, se prolongó hasta las 16 h.

A las 16:30 h. nos recogió de nuevo Asun para acompañarnos al Museo de la Pastelería Manuel Segura. Organizado en tres pisos conserva instrumentos que en su momento fueron utilizados -todos- por el Obrador de la Pastelería Segura desde el año 1874. Asun, con la profesionalidad que le caracteriza, nos explicó el contenido de cada piso: el primero dedicado al chocolate; el segundo al caramelo y el último a la miel. Acabamos la visita, en la tienda de la calle Mayor, con una degustación –lenguas de gato- y la compra de algunos productos típicos.

A las 18 h. salíamos camino de Teruel; aunque el día estaba de tormenta, no la vimos hasta llegar a la ciudad; 11 litros, por lo visto en poco tiempo, que arrastró escombros, hojas y demás desperdicios. Nosotros no la vimos, pero el Hermano Miguel sacó carretilla y media de escombros junto a la puerta de entrada al Colegio.

En fin, un día de solaz y convivencia con el que despedimos el presente curso.

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