martinEl Hermano Martín Salvador nos dejó por sorpresa este verano. Se fue. Lo hizo como lo hacía todo. Rápidamente y con una sonrisa en la boca. Martín, el hermano sonriente. Creo que nunca lo vi enfadado. Creo que nunca escuché de sus labios una palabra de reproche, a nadie. Se fue Martín.

Me ha costado mucho escribir unas palabras sobre él. A veces las palabras, los textos, los sentimientos se te agolpan en los labios o en los dedos como un torrente que intenta salir. Pero ese torrente no sale, no explota. Algo lo impide.

Nunca se me olvidará la primera vez que vi a Martín. Nunca se me olvidará cómo y dónde lo conocí. Fue en Ibiza hace doce años. Era un torrente de vitalidad, una fuerza activa. Yo acababa de desembarcar en las labores de comunicación aquí, en La Salle. El Hno. Rafa Matas me hizo realizar un recorrido por obras educativas y sociales en las que el Distrito Valencia-Palma estaba comprometido. Fui de norte a sur y de este a oeste, de Benicarló a Alcoi, de Teruel a Menorca. Y a Ibiza. Y allí estaba Martín. Martín era, en aquella época, el director de un colegio diocesano que el obispado había dejado en manos de La Salle. Martín fue mi guía. Me enseñó lo que hacían allí, cómo era el colegio, cómo eran sus alumnos, sus profesores, los padres… Conocía a todo el mundo, a todos saludaba con una sonrisa y con casi todos se paraba a hablar. Era un no parar.

También me llevó a conocer una obra de la que estaba especialmente orgulloso y con la que estaba especialmente comprometido: Betania. Martín siempre estuvo con los más necesitados, con los más solos, con los que pocos querían estar. Martín siempre llevaba alegría, compañía, comprensión, amistad.  

Después de aquellos días que pasé con él en Ibiza, Martín se fue convirtiendo en un amigo. Una persona vital, feliz, imparable, comprometida con todo lo que hacía y siempre con una misión vital: ayudar a los más pobres y compartir su vida con ellos. Siempre en cualquier parte, en cualquier obra. Martín siguió su periplo en el sector (director en Benicarló, Pont d’Inca…)  alternándolo con viajes de proyectos de verano de Proideba a La India. Cuando desde el Instituto, en Roma, se planteó crear una comunidad de Hermanos en Scampia, Nápoles, una de las zonas más conflictivas y abandonadas de Italia, allí que se fue. El entonces visitador, Rafa Matas, se lo propuso y él, encantado y feliz, aceptó. Allí se fue y allí creó, junto a otros hermanos y desde cero, una de las Comunidades más comprometidas con  su entorno social, Casa Arcobaleno. Martín era una persona inquieta, nunca paraba.

Nos vimos muchas veces más, en muchos lugares distintos y en muchas circunstancias diferentes. Y siempre estaba feliz. Y siempre sonreía y siempre reía. La ilusión y las ganas con las que lo hacía todo jamás le abandonaron.

Y surgió otro proyecto, y surgió otro lugar en el que podía ayudar. Y allí se fue.  Martín encontró un lugar en el que fue tremendamente feliz, el Hogar La Salle de Jerez. Allí ha estado estos últimos años. Ayudando, compartiendo, viviendo.

Martín ha sido, es y será, para mí, una de esas personas que nunca podrás olvidar. Una de esas personas especiales que se cruzan en tu vida y que, cuando están a tu lado, te hacen ser  y sentirte mejor. Una de esas personas con las que siempre puedes contar y que hacen que este lugar, o el lugar en el que ahora esté, sea un poco mejor.

Por muchas palabras que escriba jamás podré transmitir lo que Martín ha sido para todos los que le hemos conocido. Aquí os dejo parte de las muestras de cariño expresadas por todos los que compartieron tiempo con él.

>Homilía en el funeral del Hno. Martín Salvador>>
Martin, fratello scalzo>>
 

Hasta pronto, Martín.

Artículos relacionados

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.