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Progresamos… ¿A dónde?

Con ocasión de la Semana Santa los Hermanos solemos hacer el Retiro anual. Este año tocaba según los proyectos hacerlo todos juntos en Llíria, en nuestro centro La Salle. Y acabamos el martes de Pascua con la comida fraterna…Y yo sin preparar la reflexión del mes de abril… Bueno, Abbá, proveerá y me echará una mano… Y la echó.

 

Me llevé el libro de Anthony de Mello “La oración de la rana (1)”, la primera edición de 1988 y he leído fragmentos del libro, muy interesantes como:

“Cuando las personas están alegres // siempre son buenas;

Mientras que, cuando son buenas, // rara vez están alegres”. (Pág.124)

Además, del texto que os ofrezco como reflexión y que creo que no tiene desperdicio. Me hacen pensar, primero en mí, pero después y sólo a veces en “obras La Salle”. Es decir: ¿Cual es mi misión real en este mundo primero que me toca vivir? ¿Qué quiere Abbá de mí? Y ahí estoy.

Os dejo el texto íntegro leído en las páginas 112 y 113. Aquí está:

“En un determinado lugar de una accidentada costa, donde eran frecuentes los naufragios, había una pequeña y destartalada estación de salvamento que constaba de una simple cabaña y un humilde barco. Pero las pocas personas que la atendían lo hacían con verdadera dedicación, vigilando constantemente el mar e internándose en él intrépidamente, sin preocuparse de su propia seguridad, si tenían la más ligera sospecha de que en alguna parte había un naufragio. De ese modo salvaron muchas vidas y se hizo famosa la estación.

Y a medida que crecía dicha fama, creció también el deseo, por parte de los habitantes de las cercanías, de que se les asociara a ellos con tan excelente labor. Para lo cual se mostraron generosos a la hora de ofrecer su tiempo y su dinero, de manera que se amplió la plantilla de socorristas, se compraron nuevos barcos y se adiestró a nuevas tripulaciones. También la cabaña fue sustituida por un confortable edificio capaz de satisfacer adecuadamente las necesidades de los que habían sido salvados del mar y, naturalmente, como los naufragios no se producen todos los días, se convirtió en un popular lugar de encuentro, en una especie de club local. Con el paso del tiempo, la vida social se hizo tan intensa que se perdió casi todo el interés por el salvamento, aunque, eso sí, todo el mundo ostentaba orgullosamente las insignias con el lema de la estación. Pero, de hecho, cuando alguien era rescatado del mar, siempre podía detectarse el fastidio, porque los náufragos solían estar sucio y enfermos y ensuciaban la moqueta y los muebles.

Las actividades sociales del club pronto se hicieron tan numerosas, y las actividades de salvamento tan escasas, que en una reunión del club se produjo un enfrentamiento con algunos miembros que insistían en recuperar la finalidad y la actividad originarias. Se procedió a una votación, y aquellos alborotadores, que demostraron ser minoría, fueron invitados a abandonar  el club y crear otro por su cuenta.

Y esto fue justamente lo que hicieron: crear otra estación en la misma costa, un poco más allá, en la que demostraron tal desinterés  de sí mismos y tal valentía  que se hicieron famosos por su heroísmo. Con lo cual creció el número de sus miembros, se reconstruyó la cabaña… y acabó apagándose su idealismo. Si, por casualidad, visita usted aquella zona, se encontrará con una serie de clubs selectos a lo largo de la costa, cada uno de los cuales se siente orgulloso, y con razón, de sus orígenes y de su tradición. Todavía siguen produciéndose naufragios en la zona, pero a nadie parecen preocuparle demasiado.

Paterna, 29 de marzo de 2016
Félix Benedico f.s.c.

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