ZARITÉ…

zariteNo se muy bien por qué, pero sucede, aunque difícilmente se ve. En determinados momentos y por causas aparentemente inexplicables, desde el interior de cada uno de nosotros emergen dinamismos que llevaban tiempo esperando a manifestarse. Y siempre aparecen en el momento adecuado, como muy sabiamente dice el libro del Eclesiastés: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora…

Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón del hombre, sin que este alcance a comprender la obra hecha por Dios desde el principio hasta el fin”.

Zarité es el nombre de la protagonista de una gran novela de Isabel Allende, titulada “La Isla bajo el mar”. Nacida en ultramar, hija de una esclava africana de finales del siglo XVIII, vive multitud de dificultades en una vida marcada por la esclavitud en plantaciones de algodón.

Durante su vida, Zarité va descubriendo que “todos tenemos adentro una insospechada reserva de fortaleza que emerge cuando la vida nos pone a prueba”. Las pruebas siempre son una bendición. ¿Quién no ha necesitado esa reserva durante los meses de curso?

Zarité, la esclava, se siente libre cuando baila, plantándole cara a la vida. Por eso, nuestra protagonista baila siempre. Hay que bailar con la vida. ¿Quién no necesita que su alma baile? ¿Al son de que música baila mi alma?

Zarité, es tu tiempo. ¿Cuál es mi tiempo?

Zarité no dejes que me canse de repetir tu nombre. ¿Qué nombre repito más?

Zarité, es la última vez que te nombro en este texto. ¿Por qué? Ya te he escrito siete veces. El nombre en cuestión es una evolución de la palabra griega “Xaire”, que significa “gracias”. El siete es un número que expresa cumplimiento, plenitud, el final de un camino que es el principio de otro.

Llegados al final del camino del curso, quiero evocar el espíritu de “La Isla bajo el mar”, y os deseo que durante este tiempo de vacaciones -sobre todo a los que os habéis enfrentado y os enfrentáis a circunstancias más adversas en lo personal y lo laboral- encontréis esa reserva de fortaleza que necesitáis.

Y sobre todo, bailad sin parar, hasta que os duelan los pies y el alma. El camino del curso 2015-2016 no sé lo que nos deparará. Dios dirá. Solo sé que la puerta para cerrar el que dejamos atrás y abrir el siguiente, tiene siete llaves que nos pertenecen a todos. De corazón, pongo en vuestras manos las siete llaves: ZARITÉ, ZARITÉ, ZARITÉ, ZARITÉ, ZARITÉ, ZARITÉ, ZARITÉ.

Feliz verano.

Bailad sin parar.

Hno. Juan Antonio Martínez Sancho.

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