Coloquio con el Abba

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Estoy leyendo en el P.C, sobre el Espíritu Santo; estoy aburrido, la siesta del cordero empieza a ocupar mis ojos…
Una mano golpea suavemente mi derecho hombro.
-. ¡No te duermas, hijo, que te necesito despierto!
Me giro, no veo a nadie, no hay nadie…pero yo he oído la voz. Una voz clara, dulce, llena de amor. Giro el sillón, miro hacia el pasillo… ¡nada!
-. No, hijo, no. No busques fuera, estoy dentro de ti, en tu corazón, ese corazón que quieres que ocupe el amor, ¡yo soy Amor!
-.Padre, ¡qué aburrido estoy estos días de agosto!
-. ¿No será que buscas la felicidad en las cosas de fuera? ¡Ellas no te llenarán nunca, soy Yo el gozo del hombre!
-. ¿Me estás diciendo que a tus niños de Catequesis les he de enseñar a que te busquen dentro de ellos, en su corazón?

Una pregunta, Padre: ¿Quién es el Espíritu Santo?  Leo el catecismo y no entiendo nada. Mira lo que dice:

“El Espíritu Santo es una de las tres personas de la Santísima Trinidad. Es Dios con el Padre y el Hijo y con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, como señala desde antiguo el Símbolo Niceno-Constantinopolitano. Consubstancial con el Padre y el Hijo, es inseparable de ellos, tanto en la vida íntima de la Trinidad como en su don de amor para el mundo. Pero al adorar a la Santísima Trinidad vivificante, consubstancial e indivisible, la fe de la Iglesia profesa también la distinción de las Personas. Cuando el Padre envía su Verbo, envía también su Aliento: misión conjunta en la que el Hijo y el Espíritu Santo son distintos pero inseparables. Sin ninguna duda, Cristo es quien se manifiesta, Imagen visible de Dios invisible, pero es el Espíritu Santo quien lo revela. (Catecismo de la Iglesia Católica 687-689)

Me gusta más lo que dice tu hijo, José Luis Cortés:

Siempre se ha dicho, hasta en la teología más tradicional, que el Espíritu es amor. Nada de palomas ni mecheros de butano. Y eso fue lo que transformó a un grupo de cobardes en un equipo de apóstoles: el amor, la amistad. Y así nació el mayor grupo de amigos que conocería la historia.

-. Pero todo esto es cosa de los hombres, mi Hijo os dijo: amaos como Yo os he amado, siempre estaré con vosotros y cuando me vaya os dejo mi Espíritu, mi Amor, para que aprendáis qué es amor.

-. Sí, Abbá, pero es que se nos olvida pronto, y amar como Él…es duro, difícil, costoso,… ¡mortal!

-. ¡Ay!, hijo, os gusta más la “buena vida”… ¿No recordáis que os dijo entrad por la puerta estrecha?… Pero vosotros, ¡ale!, por la ancha del palacio… ¡No, no! por la de servicio…servir, servir, servir…

-. Sí Abbá, pero nos gusta más que nos sirvan… que nos vean…

-. ¿Te acuerdas de aquel movimiento juvenil de cuando eras niño? ¿Qué decía?

-. ¡Vale quien sirve!

-.  En el evangelio de mi Hijo también: “Vale, para el Reino, el que sirve a los demás: Yo he venido a servir no a que me sirvan… ¿Aprenderéis alguna vez? Mira que sois “tarugos y zoquetes”, ¿eh, hijos míos?

-. Pero, Abbá, sabes lo bien que sabe el estar en portada, el primero en las fotos,…siempre me llaman por importante,…todos me dicen Don Perico…

-. ¿Qué os dijo mi Hijo Jesús?,   los primeros serán últimos y los últimos primeros… y no olvides aquello de tus años mozos: “Vale quien sirve”

-. ¡¡Gracias, Abbá, a ver si aprendo!!

Paterna, agosto de 2016
Hno. Félix Benedico f.s.c

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