Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada del pueblo.

Un día, un joven se le acercó y le preguntó:

– Yo nunca he venido por estos lugares… ¿Cómo son los habitantes de este pueblo?

El anciano le respondió con otra pregunta:

– ¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?

– Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allí.

– Así son los habitantes de esta ciudad, le respondió el anciano.

Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la  misma pregunta:

– Acabo de llegar a este lugar.

¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano, de nuevo. Le contestó con la misma pregunta:

¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de dónde vienes?

Eran buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores.

Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos.

También los habitantes de esta ciudad son así, respondió el anciano.

 

Un hombre que había llevado a sus animales a beber agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano:

– ¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?

– Mira -le respondió-, cada uno lleva el universo en su corazón.

Quién no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí.

Todo lo bueno y lo bello de la vida que necesitas, lo llevas dentro de ti. Abbá, Papá Dios, te lo puso al crearte.

Simplemente déjalo salir y compártelo con los demás

Paterna diciembre de 2016
Félix Benedico

 

Artículos relacionados

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.