Teruel en verano
Teruel en verano

En mis memorias de los años jóvenes encuentro “historias que me parecen interesantes para reflexionar en la actualidad. Yo preguntaría: ¿ayudamos a los amigos no dialogando con ellos y ocultando sus fallos?

En la siguiente Historieta una alumna-amiga parece que me cuenta lo que piensa, otros  lo omiten, te critican, y pasan de decirte algo.

Sitúo la “historia” en Teruel  durante un encuentro que hacíamos en verano con los jóvenes y tomo datos de mis apuntes de entonces: he aquí el escrito “imaginario o verdadero”

El día ha amanecido pesado. La basca va apoderándose de mi ser. La calor, insinuante mujer, se pega a la piel. Su caricia invade todo mi cuerpo. Somnoliento, en la tumbona, hojeo “Los bufones de Dios” novela de Morris W. La brisa ha muerto. Quietud. Silencio. Soledad.

Son las 12 del mediodía. Un discreto sopor me conquista suavemente. Ruido de voces: masculinas, femeninas, jóvenes, menos jóvenes, graves, agudas, susurros, gritos, silencio, algarabía,.. Y en medio su figura. Ella con su melena rizada, negra. Su carita de ángel.- ¿carita?, ¿careta? -. Ella, el ángel exterminador. Ella, airada, bonancible, morena:

“Te explicaré de una vez esa carta, de la que no has entendido nada. ¡Tráela!”

Yo cachazudamente, voy en busca de la antigua misiva.

Sí, allí, sobre la mesita de noche. Un sobre de correo aéreo; con un remite: “No he encontrado otro sobre”. Dentro tres hojas con dibujitos; distintos en cada hoja. Tres hojas con picuda letra femenina. Letra de colegio de pago. Letra de niña bien. ¿De niña caprichosa?

Ella lee, comenta. Interrumpo. Sigue. Corto. Continúa. Pido explicación…

 

  • “¿Te quieres callar y escuchar de una vez? Luego hablas tú. Déjame que termine. Hablas,  explicas, añades…Y luego yo te digo lo que falta. Ten presente que te diré todo lo que pienso. Me vas a oír”.

 

(Miro el reloj, son las 15 horas del día 3 de agosto. Calor. El eskay de la butaca del recibidor de Teruel hace que la camisa se pegue al cuerpo. Es un eskay gris. Color ceniza.)

Estoy invadido de silencio. En la semi-penumbra de la habitación una voz airada, dulce-agria, amorosa, penetrante va insinuándose en mi cerebro. Una voz seca, cortante, machacona incide una y otra vez sobre mi atormentada mente. Y corta, y saja y sigue:

 

  • “Ironía, eres un asqueroso irónico. Dar. Ser tú. Aceptar a los demás. No sabes acoger a tus alumnos. No des a los otros lo que tú quieres, sino lo que ellos te piden. Oír. Escuchar. Cumple lo que dices. No te burles de los otros y menos públicamente… No te perdono que a… le dijeses en clase aquello. Piensa el daño que puedes hacer en esos niños, aún débiles,…”

 

Mi cabeza está adquiriendo proporciones desmesuradas. Me veo deforme. El ruido es infernal. Chillidos. Motos con escape libre. Gritos. Bulla, bulla, bulla. Mi cabeza crece y crece y crece. Me va a estallar. ¡¡Zas!!. ¡Estalló!

El vaso que estaba lleno de refresco está por los suelos roto en mil fragmentos. El calor de la mañana de agosto sigue siendo pegajoso. A mis pies está la novela de Morris W. Tengo la boca pastosa, seca. Un amargo sabor se va apoderando de mi mente.

Me pregunto, ¿dónde estoy? Poco a poco se va haciendo la luz en mi cabeza. La modorra estival va siendo reemplazada por unos interrogantes. Pero las respuestas huyen de mi mente. Y ella insiste en sus dudas.

Soy Hermano de la Salle. Vivo en una Comunidad.

¿Vivo en una Comunidad? ¿Es cierto? ¿Quién de esos que se dicen mis amigos, mis hermanos, tienen la valentía de decirme mis defectos? ¿Mis errores? O ¿acaso amor es decir sólo lo bueno y ocultar los fallos?

Mi mente sigue sin entender, ¿hasta cuándo? ¡Yo qué sé!

Hno. Félix Benedico
Paterna, octubre de 2017

 

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