Estoy leyendo una columna del Diario ABC en la sección “Sociedad”…y el título “Hemorragia  de religiosos” basado en lo que dice el Papa Francisco sobre la salida de religiosos y religiosas de sus respectivas Órdenes, Congregaciones, e Instituciones entre los 30 y 50 años.

Indicando que hay muchas personas que no han encontrado su “camino”, porque les falta el apoyo de su “Piedra Angular”

O ¿acaso es que la “piedra” les hace dividirse en variadas secta, sendas, senderos, atajos o trochas para ir a la Piedra-Jesús?

Estas lecturas me han llevado, a la homilía del Papa a los superiores religiosos en el día de la Presentación de Jesús, 2 de febrero,

Cuando los padres de Jesús llevaron al Niño para cumplir las prescripciones de la ley, Simeón «conducido por el Espíritu» (Lc 2,27) toma al Niño en brazos y comienza un canto de bendición y alabanza: «Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos; luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2,30-32). Simeón no sólo pudo ver, también tuvo el privilegio de abrazar la esperanza anhelada, y eso lo hace exultar de alegría. Su corazón se alegra porque Dios habita en medio de su pueblo; lo siente carne de su carne.

La liturgia de hoy nos dice que con ese rito, a los 40 días de nacer, el Señor «fue presentado en el templo para cumplir la ley, pero sobre todo para encontrarse con el pueblo creyente» (Misal Romano, 2 de febrero, Monición a la procesión de entrada).

El encuentro de Dios con su pueblo despierta la alegría y renueva la esperanza.

Y me pregunto yo, ¿Vivimos los cristianos que Dios-Abbá está en medio de su pueblo? O más bien, como nos dice el Papa Francisco:La psicología de la supervivencia le roba fuerza a nuestros carismas porque nos lleva a domesticarlos, hacerlos «accesibles a la mano» pero privándolos de aquella fuerza creativa que inauguraron; nos hace querer proteger espacios, edificios o estructuras más que posibilitar nuevos procesos. La tentación de supervivencia nos hace olvidar la gracia, nos convierte en profesionales de lo sagrado pero no padres, madres o hermanos de la esperanza que hemos sido llamados a profetizar.”

¿No será que es necesario proteger “lo que tenemos”, “nuestras cosas”, porque ya no son de Jesús? O quizá tenemos miedo de encontrarnos con el Abbá, Papá, Amor… porque pensamos que lo importante es la “Ley de Moisés”.

Esto me recuerda lo que dice nuestro Hermano Superior general Hno. Robert:

“Hermanos, haciéndome eco del Papa Francisco, quiero llamar su atención sobre el peligro de vernos cegados por el ensimismamiento. La preocupación por mantener las instituciones que nos dan una sensación de seguridad y prestigio nos puede frenar para asumir riesgos por el bien del Reino de Dios.

Mantenernos enfocados exclusivamente en nuestra propia misión, en conservar el pasado, proteger nuestras instituciones y legitimar el presente nos puede cegar a la misión de llevar la Buena Nueva de Jesús a los afligidos. Este tipo de problemas puede provocar una actitud defensiva; sin embargo, considerados a través de los ojos de la fe, pueden despertarnos, de repente, a iniciativas interesantes para llevar la esperanza cristiana a los jóvenes abandonados y desesperados.

En las conversaciones de su comunidad, en reuniones con los Colaboradores y otros encuentros lasalianos, es importante escucharse con atención unos a otros, escuchar el grito de los pobres y, una vez más, la voz de los capitulares del 45.º Capítulo General: “Deseamos responder de forma creativa y audaz a las urgentes necesidades de los más vulnerables que se encuentran en “la frontera” (Carta pastoral, 2512-2016, págs.12-14).

O tal vez habrá, que concluir con lo que dijo el Papa ante más de seis millones de personas en la Eucaristía a campo abierto en el Parque Rizal de Manila:

“El pecado es olvidarnos de que somos hijos de Dios”

 

Paterna, 22 febrero de 2017
Hno. Félix Benedico

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