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Un matrimonio, recién casado, se cambió para vivir a un barrio muy tranquilo.

El primer día cuando desayunaban, la mujer vio a través de la ventana que una vecina  colgaba en el tendedero sus sábanas para que se secasen.

¡¡¡Qué sábanas tan sucias está tendiendo!!! dijo, necesita un nuevo detergente…¡Si tuviera confianza le preguntaría si quiere que le enseñe a lavar la ropa!

El marido miró y no dijo nada

Algunos días después, nuevamente, durante el desayuno, la vecina tendía las sábanas y la mujer comentó con su marido:

¡Nuestra vecina continúa poniendo a secar las sábanas sucias. Si tuviera confianza con ella le preguntaría si quiere  que le recomiende mi detergente

Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso, cuando la vecina tendía su ropa en el tendedero.

Pasado un mes, la mujer se sorprendió al ver las sábanas tendidas, y, admirada, fue a decir a su marido:

¡Mira, aprendió a lavar la ropa!

¿Le habrá enseñado otra vecina?

Porque yo no hice nada.

El marido con cariño respondió:

¡No, hoy me levanté más temprano y limpié los cristales de nuestra ventana!

Así es: Todo depende de la ventana, a través de la que miramos.

Necesitamos lavar nuestros cristales Abrir nuestra  ventana.

¡Que en nuestro camino hacia la Navidad nos paremos a limpiar nuestros cristales!

Paterna, noviembre de 2018

Adaptación del Hno. Félix Benedico

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