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La felicidad

Captura de pantalla 2015-07-21 a la(s) 15.26.29Estoy leyendo estos días un libro de: José Antonio Pagola
En la lectura he encontrado cosas muy interesantes sobre “la felicidad”, no son ideas nuevas; todos queremos ser felices aunque sabemos que no es fácil ser feliz.
Porque ¿qué es la felicidad? ¿Cómo encontrarla?
La felicidad parece estar casi siempre en «lo que nos falta», en algo que todavía no poseemos. Pero, cuándo lo poseemos, ¿somos felices?
Generalmente nos pasa como a los niños, días y días pidiendo un juguete y cuando lo tienen, a las pocas horas acaba abandonado en cualquier rincón.
El problema está en que no buscamos la verdadera felicidad, o la buscamos por caminos equivocados. Queremos que cambie el entorno que nos rodea, que mejore la situación, que las personas nos traten bien, que nos sucedan cosas buenas. En el fondo, buscamos que la vida se vaya adaptando a lo que nosotros deseamos. Nos parece que entonces tal vez seremos felices y nos pasa como al niño…la felicidad no está ahí.
Creo que uno de los fracasos más graves de la Iglesia es el no saber presentar a Dios como amigo de la felicidad del ser humano.
Sin embargo, estoy convencido de que el hombre contemporáneo sólo se interesará por Dios si descubre que es su fuente de felicidad.
Otro error es pensar, estar convencidos de que no se puede ser feliz cuando uno se siente solo. Necesitamos compartir nuestra vida con otro. Saber que nuestro trabajo tiene sentido para alguien, y nuestro esfuerzo es acogido por alguien con amor, que nuestra existencia es apreciada y amada. Si nadie nos ama, si nadie nos espera en ningún lugar de la existencia, lo que hacemos y vivimos pierde valor y sentido. Nuestra vida podrá estar llena de actividad y éxito, pero no conoceremos la felicidad. Esta parece ser la experiencia general.
Otra vez al final nos quedamos sin encontrar la felicidad. ¿Por qué será?
Cuando, para ser feliz, necesito de la aprobación y el aplauso de otros, de su amistad o de su amor, de su presencia y acogida, mi felicidad queda en manos de esas personas. Les doy poder sobre mí. Si me responden como yo deseo, me sentiré feliz: si no es así, me veré desgraciado.
A la larga, quien espera que los otros le hagan feliz termina siendo un desdichado infeliz
Decía San Agustín en sus Confesiones: « ¿No es la felicidad lo que buscan todos los hombres? ¿Hay uno solo que no la quiera?… Pero, ¿dónde la han conocido para quererla así? ¿Dónde la han visto para quererla de esa manera?… Apenas oímos pronunciar esta palabra, reconocemos que todos deseamos lo mismo… Si se pudiera interrogar a la vez a todos los hombres y preguntarles si quieren ser felices, todos responderían sin dudar: ¡Sí!…
El deseo de ser feliz no es sólo mío o de un número reducido de personas: todos, absolutamente todos, queremos ser felices. Unos piensan que encontrarán su felicidad de una manera, otros de otra. Pero todos están de acuerdo en un punto: todos quieren ser felices».
¿Cuál es la fuente que engendra ese deseo? ¿Quién es el Ser que produce esa atracción?
Como saben todos los conocedores del Evangelio, el Nuevo Testamento al hablar del amor, apenas usa el término eros, habitual en la literatura griega. El Evangelio usa constantemente la palabra ágape.
El hecho es significativo. Eros es el amor con que se ama al otro por lo que se recibe de él: placer, seguridad, compañía, consuelo; es un amor de tendencia posesiva; se le busca al otro por lo que el otro proporciona.
Ágape, por el contrario, es el amor con que se ama al otro buscando sólo su bien, sin esperar nada de él, es un amor de donación gratuita. Es Jesús. La alegría brota, no de lo que recibo del otro, sino del hecho de poder amarlo.
En las bienaventuranzas se nos hace una llamada a buscar la felicidad, no desde el «amor erótico», sino desde el «amor agápico».
Y me pregunto yo, en el fondo, ¿No es un Padre misericordioso, compasivo, ágape-amor…quien late en nuestro deseo?
Y si Él nos crea para que seamos plenamente felices —y sólo para eso—, resulta evidente que se alegra con cada una de nuestras alegrías y goza viendo nuestra felicidad.
¿No es lo que quiere decir esa imagen de un Hermano que ha sido llevado por el Padre hacia la agápica felicidad durante 75 años?

Paterna, Julio de 2015.
H. Félix Benedico, f.s.c.

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