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Mostrar aprecio

“Lo contrario del amor no es el odio. Lo contrario del amor es la indiferencia.”

Captura de pantalla 2015-01-28 a la(s) 15.53.51Esta frase del escritor Elie Wiesel puede aplicarse a todo tipo de relaciones. Si uno no siente más que indiferencia hacia el otro, prescinde de él. La consideración hacia el otro se demuestra en una actitud de respeto y aprecio. Son dos maneras de ver.

Respeto viene de respicere, mirar al otro una vez más. A veces en la vida cotidiana nos cruzamos con el otro sin prestarle atención. El respeto significa también tener consideración, dirigir nuevamente la mirada a él y contemplarle.
“El pecado es olvidarnos de que somos hijos de Dios”, dijo el Papa, ante más de seis millones de personas en la Misa a campo abierto en el Parque Rizal de Manila.
El verbo alemán “anisen”, “mirar”, tiene un significado muy profundo. Mirar a uno es mostrarle consideración y estima. Al mirarle le manifiesto mi aprecio. Valoro sus cualidades, su dignidad su irrepetible individualidad. Pero este aprecio no debe mostrarse solo con miradas. El otro necesita mis palabras agradables que le hagan creer en sus valores.

La siguiente anécdota, popularmente conocida, nos da una pista de lo que puede significar nuestra voz en la vida del otro.

Una joven madre estaba a punto de tener su segundo hijo. Cuando supieron que era niña, le mostraron el vientre a su primogénito que se llamaba Miguel y apoyaron su cabecita sobre el vientre de la madre.
El niño empezó a cantar una nana a la que debía nacer, su hermana. El niño le cantaba sobre todo antes de marcharse a la cama.
El parto fue prematuro y dificultoso. La neonata fue puesta en la incubadora. Los padres esperaban lo peor. Miguel les suplicaba: “Quiero verla, quiero verla”.
Captura de pantalla 2015-01-28 a la(s) 15.54.00Después de una semana la neonata se agravó. La mamá decidió llevar a su hijo a la maternidad. La enfermera le impedía que entrara. La madre estaba empeñada en que entrara su hijo Miguel, para verla. ¡Y entró!

Junto al cuerpo de su hermanita, Miguel empezó por instinto a cantarle la canción de la nana. La neonata empezó a reaccionar. Su respiración era serena. Con las lágrimas en los ojos la mamá le decía: “¡Continúa Miguel, continúa!”. El niño continuó. La niña empezó a mover los brazos.
Los padres lloraban y reían al mismo tiempo. Mientras la enfermera incrédula miraba la escena.
Los médicos de la clínica, asombrados, definieron como un milagro.
Pero los padres sabían que era un milagro de amor.

Lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte
Paterna, enero de 2015.
H. Félix Benedico

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