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Captura de pantalla 2015-02-27 a la(s) 16.20.53¿Cristiano: seguidor de Jesús?

Durante los pasados días, hojeando y leyendo algunos libros, ya manidos en mi lectura, he encontrado textos que me han impresionado seriamente por su profundidad y exigencia.

Por ejemplo este de José Antonio Pagola en su libro: “Volver a Jesús” en la página 63:

“Muchos cristianos viven hoy sin encontrarse directamente con el Evangelio de Jesús. Cuando se acercan a su parroquia el Evangelio les queda ocultado por un conjunto de prácticas, costumbres, lenguajes, devociones, fórmulas religiosas,… que a bastantes les resulta cada vez más difícil  comprender y aceptar. No logran identificar con claridad, en el interior de esa religión la buena Noticia que viene del impacto provocado por Jesús hace veinte siglos.”

¿Y, qué pasa? Acaban yéndose de la Iglesia. Ya que la palabra de la Iglesia está perdiendo autoridad y credibilidad. Porque no basta hablar de manera autoritaria y dar normas para anunciar la Buena Noticia de Dios. En un reciente lectura leí: “La libertad puede verse amenazada por quien tiene miedo a la libertad y quiere imponer con violencia su visión de las cosas”.

Siempre ha llamado mi atención el hecho de que Jesús no da mandamientos, solo un mandamiento, el suyo. “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado”

No es suficiente transmitir correctamente la tradición de la Edad Media para abrir los corazones a la alegría de la fe.

Lo que necesitamos urgentemente es un «enseñar nuevo». No somos «escribas»,  sino discípulos de Jesús y hemos de comunicar su mensaje, no nuestras tradiciones.

Otra ocasión de lectura reflexiva que llamó profundamente en mi conciencia fue el Evangelio de  San Mateo 25, 34-36, la famosa parábola del juicio final.

Allí están  todas las razas y pueblos. Todas las culturas y religiones. Se va a decidir la suerte final de cada uno… y ¡sorpresa!, no es la religión que cada uno ha vivido, ni la fe que ha confesado en su vida… lo decisivo es la compasión. Tampoco se habla de amor. A Jesús le resulta un lenguaje demasiado abstracto. Aquí se habla de cosas concretas como “dar de comer”, “vestir”, “hospedar”, “visitar”, acudir”…¿Acaso, será eso el amor?

Lo decisivo es vivir con compasión ayudando al que sufre y necesita nuestra ayuda. Lo que se hace a gentes hambrientas, inmigrantes indefensos. Enfermos desvalidos, encarcelados olvidados por todos se hace a Dios, encarnado en Jesús.

Por eso en el Evangelio la frase del Antiguo Testamento: “Sed santos porque vuestro Dios es santo”  Jesús la convirtió en “Sed compasivos porque vuestro Padre es compasivo”

Con frecuencia predicamos, decimos lo que hay que hacer, cómo hay que hacerlo…pero cedemos el paso a los demás…

¡Qué fácil es predicar! Y ¡qué difícil dar trigo!

Paterna febrero de 2015

H. Félix Benedico

¡Sigamos a Jesús!

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