Durante el mes de octubre se han realizado en el Colegio La Salle de Paterna celebraciones sacramentales muy interesantes, tales como las “Primeras Comuniones de los niños y niñas de 5º curso de Primaria” y las “Confirmaciones” de los de Bachillerato.

Han resultado muy bien y trabajadas a pesar de las distancias; que por decir verdad me han parecido un poco frías a causa de la Convid-19…

Todo esto me ha hecho revisar y releer el capítulo 6 del evangelio de san Juan.

Ofrezco algunos párrafos del Evangelio que pueden servir para pensar reflexionando en que nuestra vida cristiana empieza cuando morimos a esta vida de entrenamiento en el amor.

“Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Jesús les respondió:

«Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

Pero ya os he dicho: vosotros me habéis visto y sin embargo no creéis. Todo el que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió. La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda a nadie de los que él me dio, sino que los resucite en el último día.

Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día»… 

Os aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida.

Vuestros padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.

Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”

Jesús les respondió:

«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis Vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

Y los discípulos fueron descubriendo que Jesús en la Cena, celebró lo que había estado viviendo y lo que estaba dispuesto a vivir por amor a Dios y a los hombres: su ser  entregado por la vida del mundo: “el pan que os voy a dar es mi carne para que el mundo viva”. Cayeron en la cuenta de que quien no entraba por la dinámica del servicio al hermano “no tenía parte con Él”

En su Evangelio Juan 14, 2-3 nos dice Jesús:

“En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, os lo habría dicho; voy a prepararos un lugar.

Cuando vaya y os prepare una, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros”

¿Qué quiere decir Jesús con comer su carne y beber su sangre?

No basta con “comulgar” simplemente… al fin aprendieron los apóstoles, que hacer lo mismo que Él no consistía en repetir materialmente los gestos de la Cena sino en asimilar su carne entregada viviendo entregados a los demás.

Comulga con Jesús el que vive el mandamiento mío: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Paterna octubre de 2020
Hno. Félix Benedico

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